El reto de crecer

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Ninguna empresa puede permitirse pecar por omisión o ignorancia: a estas alturas de la historia todos sabemos que el crecimiento significa, en casi todos los casos, un cambio. ¿Cuántos testimonios de fracaso no hemos escuchado donde el CEO o el presidente se niega a cambiar, incluso, cosas básicas de su empresa? ¿Cuántas veces nosotros mismos nos hemos sentido renuentes ante una ligera transformación?


Quizá sea algo natural que viene de la mente humana: el miedo al cambio es la respuesta lógica ante nuestros impulsos biológicos de supervivencia. Tal vez tenemos demasiado claro ese concepto que se llama “zona de confort” y, por costumbre, no nos damos cuenta que esa zona no es del todo buena, no es del todo conveniente y no es del todo sana.

Estos tiempos son veloces, sí, pero también complejos. La obligación de crecer y transformarse como empresa se condiciona frente a un profundo y necesario análisis de todos y cada uno de los elementos que constituyen un negocio: sus bases, sus engranajes, sus aspiraciones, sus métodos de producción, sus empleados, sus fallos, sus aciertos, sus ignorancias. Crecer y transformarse, entonces, implica un reto muy grande que en verdad puede ayudarnos no solo a hacer crecer nuestra empresa… también a nosotros mismos. ¿Cuál es el reto? Mirarnos en un espejo, no ignorar lo que vemos y no nos gusta, para saber que debemos cambiarlo.

El miedo es quizá el peor enemigo de cualquier empresario. En lo personal, nunca he escuchado un sólo caso de éxito en donde la persona diga “lo hice con temor”. Si tu empresa ya está más que establecida, entonces no temas a arriesgarte. Tus empleados lo agradecerán, tus socios lo notarán, tus miras se ampliarán y tú, estoy seguro, te sentirás como el primer día que abriste las puertas de tu negocio.


Escrito por
Bryan Vazquez